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Visita a la Dordogne

Bergerac - Castelnaud - Marqueyssac - La Roque Gageac - Domme - Sarlat - Beynac - Belves - Monpazier - Biron

 
BEYNAC
Prescindible Merece la pena Muy recomendable Maravilla
 
 
 
Beynac es un pueblo de piedra que se amontona sobre la ladera de una colina rocosa y que asciende hasta su formidable castillo en la cumbre, a 150 m. de altura, construido sobre la roca y dominando el valle del Dordogne.
Es un auténtico pueblo de postal, todo de piedra, que al atardecer recibe directamente los rayos del sol y muestran todo su esplendor.
Sus primeros habitantes se instalaron durante la Edad de Bronce (de lo que aún hay restos al pie del acantilado y al borde del agua), pero su importancia creció en la Edad Media.
Beynac
pueblo y castillo de Beynac
Subimos andando por las empinadas cuestas del magnífico pueblo (se puede llegar en coche también), con casas de los siglos XV al XVII. Al cabo de un rato llegamos a lo alto del acantilado y a su fortaleza, llamada Beynac-et-Cazenac. Casi a la misma altura está la iglesia del siglo XII (restaurada en el XVI).
Junto al castillo, en lo alto del acantilado hay un grupo de casas antiguas semejantes a las del pueblo "bajo".
El castillo (levantado en 1115) fue asediado en 1184 por el mítico Ricardo Corazón de León antes de ser rey y después vivió un tiempo durante 1194, a su vuelta de la tercera cruzada, tras ser apresado en Austria, y de camino a Inglaterra. Este castillo parece enfrentarse al de Castelnaud, y de hecho los señores de ambos castillos tuvieron una fuerte enemistad desde finales del XIII y hasta el comienzo de la guerra de los Cien Años, donde tendría un papel importante estratégicamente como fortaleza fronteriza.
Por el tratado de Bretigny (1360) pasó a manos inglesas pero 8 años más tarde se pusieron del lado francés y no serían nunca conquistados.
valle del Dordogne desde el castillo de Beynac
castillo de Beynac
Nos podemos imaginar a los vigilantes de los poderosos castillos enfrentados de Castelnaud y de Beynac espiándose desde la lejanía, vigilando el valle que era la frontera de la guerra.
Una muralla doble y dos fosos rodean el castillo. La visita del castillo no es espectacular (hay varias salas pero pocos objetos y muebles) salvo las vistas sobre el valle, pero se puede apreciar prácticamente el mismo panorama sin entrar al castillo. El castillo de las Milandes también se ve desde aquí.
Volvemos a descender. En la calle principal, la que desemboca en la carretera, hay varios restaurantes con terraza. Ahí tomamos una cena deliciosa y degustamos los platos que hacen famosa a esta región. No faltó el foie-gras, el pato, el vino tinto, e incluso nos lanzamos a probar una cara tortilla de trufas. Se me hace la boca agua mientras lo escribo.
Este pueblo encantador fue escenario de la película "Chocolat".