Viajes por Grecia
Atenas - El Pireo - Cabo Sounión - Poros - Santorini - Zakinthos - Rodas - Mikonos - Delos - Corinto - Teatro de Epidauro - Nafplio - Micenas - Delfos - Arahova - Ioanina - Gargantas de Vikos - Meteora - Mesenia y Peloponeso |
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Prescindible |
 Merece la pena |
  Muy recomendable |
   Maravilla |
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Queríamos visitar en un fin de semana alguna zona del Peloponeso más al sur y alejada de Atenas. Nos decidimos por Mesenia, que nos daba la oportunidad de elegir entre paisajes (golfo de Mesenia) o ruinas (Mistras). El viaje en autobús desde Atenas es largo y se aproxima a las 5 h., aunque es bastante ameno en cuanto a que la carretera nos lleva por la bella y montañosa región del Peloponeso. No son macizos tan pronunciados como en Grecia central sino más bien enormes colinas que se suceden sin fin. El autobús pasa por Esparta, la ciudad que formaba parte del reino de Menelao (hermano de Agamenón y marido de Helena) o la ciudad que venció a Atenas en la guerra del Peloponeso entre el 431 y 404 A.C. Esparta no supo aprovecharse de la victoria y todas las ciudades griegas quedaron bastante tocadas de manera que pocos años más tarde no pudieron detener el ímpetu de los macedonios Filipo II y más tarde Alejandro Magno.
Kalamata es la capital de Mesenia. No tiene ningún encanto especial si se compara con otros lugares de Grecia, pero tiene mar, muchos restaurantes donde cenar, tiendas, cafés y bares de marcha en el paseo marítimo junto con la posibilidad de hacer excursiones a varios sitios. Hay muchos productos típicos de la región como aceitunas, miel, sésamo o raki. Es un lugar preparado para el turismo en verano. Como curiosidad decir que la ciudad fue arrasada por un terremoto en 1986 pero ha sabido recuperarse. |
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Llegamos al hotel reservado de antemano. Al día siguiente alquilamos un coche e incluso me atreví a regatear el precio aprovechando la temporada baja. Nos decidimos por recorrer el golfo de Mesenia   y dejar Mistras quizás para el día siguiente. Habíamos leído que las ruinas estaban muy bien así como su entorno pero nos apetecía más recorrer carretera con el coche puesto que el tiempo amenazaba con empeorar al día siguiente. |
| Se trata de un recorrido muy bello que circula a caballo entre el mar y el macizo del Taigeto. Ofrece magníficas vistas del litoral, del golfo, de las aguas desiertas y de las montañas. |
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En cualquier curva aparecía una solitaria y colorida cala de agua cristalina. Los pueblos descansan aislados junto a la carretera. Tienen casas e iglesias de piedra así como una tranquilidad envidiable. La carretera es estrecha y se circula a poca velocidad. |
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| Hicimos paradas para admirar las vistas, para perdernos paseando por las casas de piedra de un pueblo o para comer en una taberna bajo la curiosa mirada del dueño. El tiempo nuboso no acompañó demasiado porque las nubes bajaban pr debajo de las cimas del macizo. |
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Se alternan pueblos junto al mar con pueblos en la ladera de la montaña, calas, bosques de pinos y nuevas vistas del golfo. Hay casas y capillas muy antiguas, incluso de los siglos XI o XIII. |
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| Finalizamos la ida en Aerópoli, un pueblo plagado de tabernas donde comimos. Hay tiendas de artesanos, iglesias y torres defensivas en las que ofrecían encantadores alojamientos disponibles. |
| Los habitantes de toda esta región, sobre todo al sur, han sido siempre muy individuales y belicosos, tratando de mantener su autonomía. Antiguamente estaban agrupados en tribus con un jefe y se producían venganzas entre unos y otros (vendettas), lo que provocó la fortificación de las casas. Muchos de los habitantes de esta región (llamada Mani) aún conservan costumbres ancestrales como la hospitalidad, la manera de vestir y algunas tradiciones. |
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En estos lugares aún se conserva la costumbre de que las mujeres que participan en velatorios bailen improvisadamente hasta quedar exhaustas.
De hecho parece ser que el carácter y costumbres de Mani es muy semejante al de Creta. Las características del terreno en ambos lugares (montañoso y junto al mar), que favorece cierto aislamiento, puede haber contribuido a esta similitud. |
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No nos adentramos demasiado en Mani porque los días ya eran cortos (noviembre) y estaba empezando a anochecer. Regresamos por la misma carretera y contemplamos uno de los anocheceres más maravillosos que he visto jamás en el mar, rodeados de calma y soledad.
En Kalamata fuimos a cenar a un moderno bar de jóvenes y dimos una vuelta por los bares del paseo marítimo, aunque no había mucha gente. |
Al día siguiente amaneció con una copiosa lluvia que nos estropeó la jornada. Devolvimos el coche y paseamos por el puerto esperando que parase. Como la lluvia continuaba y las tiendas estaban cerradas (era domingo) decidimos volvernos al mediodía para Atenas. Finalmente el invierno había llegado e iba a impedirnos visitar nuevos lugares.
Grecia seguirá ahí para que volvamos a disfrutar de lugares que no recorrimos como Corfú, Tesalónica, Olimpia o, sobre todo, Creta. |
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