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NÁPOLES
Prescindible Merece la pena Muy recomendable Maravilla
 
 
 
Mucha gente en sus viajes no llega más al sur de Roma, ya que toda la historia y arte se concentra en el norte. Os recomendaría ir al sur 3 ó 4 días. En primer lugar visitad la caótica Nápoles. Nápoles tiene una población de dos millones de habitantes legales, dicen que otro tanto de ilegales y la cantidad de vespas supera con creces los cientos de miles. Familias enteras circulan encima de una moto. Disfrutad del refrescante paseo por su casco viejo, por la bahía y jardines con el majestuoso Vesubio de fondo, además de sus palacios y castillos fruto de su pasado real. El resto de la ciudad no tiene mucho interés, incluso hay zonas peligrosas. Esta ciudad es un buen punto de partida para excursiones maravillosas. También podéis intentar alojamiento en Sorrento, pueblo animado y veraniego lleno de turistas. Si alguna vez vuelvo por allí en verano buscaría alojamiento en Sorrento en primer lugar ya que al atardecer es mucho más relajante y animado que Nápoles.
Nápoles está lleno de siglos de historia compleja con cientos de años de dominaciones extranjeras. Todos ellos transmitieron a Nápoles sus locuras, sus impuestos, su crueldad, numerosas batallas y su tiranía por un lado, y monumentos, obras públicas y benevolencia en el lado opuesto. Frente a tanto desequilibrio Nápoles siempre conservó un sentimiento de independencia y se sublevó en incontables ocasiones. Resumiré brevemente su compleja historia, lo que ayuda a entender luego toda la visita: bahía de Nápoles y Vesubio
Empezaré en 1137, fecha en la que los normandos se apoderaron de Nápoles. La dinastía de los Anjou la hizo su capital entre 1266 y 1442. Durante este periodo la ciudad floreció en todos los campos. Alfonso el Magnánimo la conquistaba e inicaba el dominio aragonés (1442-1504) que la llevó a ser un gran imperio en el Mediterráneo y un centro artístico de primer orden. Además de Alfonso reinarían después Fernando I, Fernando II y Federico I. Después es conquistada por Fernando el Católico, rey de Castilla, reinando sucesores españoles como Carlos V o su hijo Felipe II. En 1528 sufrió un terrible asedio por parte de Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra, que fueron derrotados y cedieron Nápoles definitivamente a España. A pesar de que Nápoles tenía cierta autonomía y se convertiría en una metrópoli de importancia internacional durante este periodo hubo varias sublevaciones del pueblo por varias causas como impuestos o Inquisición. En 1707 pasa a formar parte de Austria y en 1734 de los reyes Borbones españoles que dan un impulso a la vida cultural. Después llega la invasión Napoleónica (1806-1815) que llevaría al trono al hermano de Napoleón, José Bonaparte y después a Murat. A pesar de la modernización artística y urbanística provenientes de la revolución francesa el pueblo luchó por la restauración de los borbones, que consiguen en 1815. Murat era fusilado en la ciudad en 1815. En 1860 la conquista Garibaldi y pasa enseguida a formar parte de Italia. Fue ocupada por los alemanes durante la II Guerra Mundial y la ciudad se rebela en 1943, muriendo muchísimos napolitanos en la batalla que duró 4 días y en las posteriores represalias.
Mafia o Camorra Napolitana
Id preparados para el bochornoso calor que hace en verano. Todo lo que habéis oído de Nápoles, de la mafia, de la conducción y del caos básicamente es verdad. En primer lugar es una ciudad donde la mafia tiene un gran poder, aunque directamente no es probable que os afecte en algo al viaje. La mafia reúne a cinco organizaciones del crimen diferentes. Las má conocidas son la "Mafia" Siciliana y la "Camorra" Napolitana. No será difícil que en algún muro o pared veáis algún graffiti o alguna amenaza de las "familias" enfrentadas de la Camorra.
El contraste con el norte es muy grande, ya que nosotros llegábamos desde Florencia. Como ejemplo pondré la llegada a la estación de tren. No teníamos alojamiento, así que nos dirigimos a la "i" de la oficina de turismo. Un hombre se nos acerca diciendo que es de la oficina de turismo. Al poco tiempo de hablarnos nos damos cuenta de que no es más que un tipo promocionando su hotel o cuchitril. Vamos hacia el auténtico trabajador de la oficina, tras la ventanilla. Éste permitía a dos tipos que promocionasen sus hoteles junto a la ventanilla, así que se llevaría una comisión por ello con toda seguridad. Al ver la situación nos largamos a un teléfono a buscar por nuestra cuenta. Nada.
Finalmente volvemos a la ventanilla y sorprendentemente nos da una buena lista de hoteles. Cuando le pregunto por algún folleto de monumentos y horarios me dice que todo está siempre abierto y no sé qué tonterías más. Muchas ganas de trabajar no se le veían. Finalmente encontramos un hotel de la lista que era decente y barato: cerca de la avenida principal, y donde nos atendieron amablemente. Cuando digo decente estoy hablando de que la habitación no era pequeña, había un ventilador, el ruido era medio, no había cortina en el baño y el baño se inundaba. Un día salimos dejando nuestras cosas en una habitación y volvimos teniéndolas en otra sin previo aviso, debido a que el baño estaba inundado.
Nada más llegar a Nápoles e ir a dar una vuelta el recepcionista nos indicó lo siguiente: "no se os ocurra ir por estas zonas a partir de las 20 h." mientras nos señalaba gran parte de la ciudad en un mapa, eso sí, exceptuando la zona más turística cercana al mar; "y no se os ocurra parar a hablar con nadie que se dirija a vosotros". No deseo asustaros, pues haciéndole caso no tuvimos problemas. Sí conozco casos en que los turistas que "pican" y hacen caso a algún extraño acaban siendo timados, con la cooperación de la policía incluso.
En Nápoles hay una gran concentración de pirados por metro cuadrado. También se ven muchos extranjeros, como ocurría en Milán.
Un folleto con los horarios de tren erróneos (1 hora esperando en la estación) y un portero impasible que no nos dejó entrar por 3 minutos hicieron que perdiésemos toda una tarde yendo hasta las ruinas de Pompeya y volviendo a Nápoles decepcionados. Me acordé de la mamá de mi amigo el de la oficina de turismo de Pompeya al que habíamos llamado previamente y que decía que estaba abierto todo el día.
Después de todo esto se os estarán quitando las ganas de ir a Nápoles. Pero aquí también reside su encanto, en el alocado caos que invade la ciudad. Echaréis un montón de juramentos de lo que luego os reiréis. Además si seguís leyendo veréis las maravillas de la ciudad.
Al día siguiente tras tomar los ricos y típicos capucchinos italianos y hablar con el dueño del Real Madrid y el fichaje de Zidane (a todos los italianos les encanta el fútbol) volvimos temprano a la ruinas, de las que hablo en la siguiente página del viaje.
Al regresar a Nápoles avanzada ya la mañana caminamos hasta la parte turística de la ciudad, que se encontraba un poco alejada de la zona de la estación de tren donde estábamos alojados (más o menos 30 min. andando).
Comenzamos con una vuelta por el casco más antiguo de la ciudad . Hay gente a la que le encanta pero personalmente me pareció sucio, descuidado y sin atracción de ningún tipo. Eso sí, tiene vida porque hay desorden, bullicio, y napolitanos gritando por todas partes. No hay ninguna calle peatonal y no esperéis entender el mapa que os den. Las calles son de sentido único: del que primero entra en ella. Por ahí encontramos la curiosa Iglesia del Jesús Viejo con su fachada almohadillada en piedra gris que se debe a que la iglesia se construyó sobre un palacio del siglo XV existente del que aún queda esa fachada. Tiene un bonito y majestuoso interior barroco.
Al llegar a la zona junto al mar lo primero que encontramos es el Castel Nuovo , una imponente mole que fue construida entre 1279 y 1282 por Carlos I de Angió como residencia. Ha sufrido varios retoques, muchos de ellos españoles, a lo largo de los siglos. Lo que observamos es un castillo flanqueado por 5 grandes torreones cilíndricos de piedra gris volcánica. En la entrada al castillo se eleva el arco de triunfo construido en honor de Alfonso I cuando entró en la ciudad en 1443.
Castel Nuovo
En la visita entraréis por el bonito patio para dirigiros a la sala de los Barones del siglo XV o a la capilla Palatina, del siglo XIV y deseada por la familia Angió (Anjou). Os gustará la historia del lugar, llena de tragedias y de rebeliones del pueblo napolitano. Eso sí, la entrada es muy cara.
Seguimos hacia la plaza del Municipio , centro administrativo y comercial de la ciudad, que se muestra amplia y luminosa y desde donde se alcanzan a ver muchos de los monumentos más importantes de la ciudad.
galería de Umberto I
Muy cerca localizamos la monumental galería dedicada al rey Umberto I y construida entre 1887 y 1891. Las fachadas de los edificios es preciosa y toda la galería está cubierta de cristal. Además abundan las tiendas y los restaurantes.
Aunque no lo visitamos por dentro cabe destacar el teatro San Carlos, construido por Carlos de Borbón en 1737, destruido por un incendio, reconstruido en 1816 y modificado en sucesivas restauraciones. Es el segundo más grande de Italia, tras la Scala de Milán. Es elegantísimo, tiene capacidad para 3000 espectadores y presenta 184 palcos en 6 niveles. Es famosa en el mundo por su acústica perfecta.
Llegamos a la plaza Plebiscito , rodeada por dos hermosas construcciones, el Palacio Real y la basílica de San Francisco de Paola. Podéis comprobar, cuando vayáis a la oficina de turismo de la plaza, si sigue allí un hombre que a nosotros nos atendió con los pies sobre la mesa. Igual no se ha levantado desde entonces. Fuera bromas, finalmente nos atendió decentemente dándonos mucha información.
La basílica se encuentra flanqueada por un grandioso pórtico semicircular con columnas dóricas mandado construir por Joaquín Murat a principios del XIX. Tras su expulsión de Nápoles llegaría Fernando I de Borbón y mandaría construir la iglesia (1817-1846) como agradecimiento al santo por haber reobtenido el reino. La gran cúpula de la basílica está inspirada en el Panteón de Roma. Sorprende el enorme espacio que hay en el interior y las dimensiones de la construcción.
basílica de San Francisco de Paola
El palacio Real se completó entre 1600 y 1602. Ha sufrido ampliaciones, transformaciones y restauraciones (éstas útlimas se deben a incendios o bombardeos) en los siglos posteriores.
escalinata del Palacio Real de Nápoles
Todos los reyes que pasaron por Nápoles han dejado su huella aquí y encontramos habitaciones suntuosas y lujo desmedido. Incluso hay un teatro en su interior. Sobre este palacio debo añadir que quedamos sorprendidos por la mínima vigilancia que hay en la visita. Es posible andar por todo, no como en visitas a otros muchos palacios reales en las que te llevan por un pasillo acordonado.
puerto y Palacio Real de Nápoles
Por un lado está bien la libertad pero por otro te das cuenta de que cualquiera con malas intenciones puede hacer un daño incalculable.
Tras la visita al palacio y la basílica sólo queda un paseo tranquilo junto al mar por la hermosa bahía de Nápoles, con el Vesubio de fondo .
Se llega al castillo del Huevo , llamado así posiblemente por su planta de forma ovoidea. Se construyó en 1128 en el lugar ocupado por un asentamiento monástico, del que se pueden aún observar restos en la visita. Como parece que ocurre con todo en Nápoles este castillo ha sido transformado y reconstruido varias veces, además de bombardeado. Dad una reconfortante vuelta por el castillo, que además ofrece bonitas vistas. Fijaos en la piscina natural junto al castillo. Lástima no llevar bañador porque hacía un calor brutal.
castillo del Huevo
Villa Comunal
Se agradece el paseo por la Villa Comunal , unos jardines frescos donde se puede recuperar fuerzas. Por ahí cerca está el acuario y la zona que rodea a los jardines tiene bonitos edificios. Hay muchos restaurantes para cenar en la zona marítima pero la lejanía del hotel nos echó atrás. Junto a la estación de tren fuimos a varios restaurantes o a por comida rápida durante la estancia.
barrio junto a la Villa Comunal
En el resto de la ciudad no vimos demasiados restaurantes. Probad la pizza, que es diferente del resto de Italia. De hecho se dice que en Nápoles es la mejor del mundo. No sé si tanto, pero realmente era muy buena.
Nos quedamos con gran pena de no haber visitado el importantísimo museo de Arqueología, pero nos faltó el tiempo. Está situado lejos y aislado del resto de monumentos. Admiraréis gran parte de los objetos encontrados en Pompeya o Herculano que se han conservado muy bien sepultados durante siglos.
Existen unas catacumbas que se pueden visitar, pero como íbamos a Roma y allí hay varias prescindimos de las de Nápoles.

Un capítulo aparte es la conducción en la ciudad. No hay leyes, no hay semáforos (sí que hay pero como si no existiesen), no hay pasos de cebra, no hay señales. Las motos, por supuesto sin casco, circulan por la acera y los coches hacen cambios de sentido en avenidas de tres carriles en cada dirección. Los coches y motos tocan la bocina continuamente para comunicarse con los otros vehículos. Los autobuses van llenos a reventar y parece que las personas van a salir volando cuando se abren las puertas.
Nápoles Cruzar una calle es misión imposible. Hay que echarse a andar y jugarse la vida haciendo que los coches paren. Es todo un arte. Hay que empezar a cruzar cuando algún napolitano lo haga. Nos colocamos por detrás de él para que si algo sale mal nos sirva de parapeto. Así practicamos varias veces hasta que nos empezamos a desenvolver por nuestra cuenta. Os aseguro que alucinaréis, y eso que soy español y aquí conducimos mal. Si sois del norte de Europa preparaos para el shock.
Por tanto calculad que sólo para Nápoles necesitaréis algo más de un día. Existen muchas opciones de excursión: Ischia, Capri, Vesubio, Pompeya, Herculano, Costa de Amalfi, Sicilia.....
Finalmente una agradable nota final. Cuando os sonéis la nariz al final del día el pañuelo quedará negro....... La contaminación bestial es otra de las maravillas napolitanas.