Como ya he dicho, con el viaje hacia el norte empezó el buen tiempo. Fue una suerte porque si se puede elegir es preferible que haga sol durante la visita a paisajes y naturaleza que en una ciudad. El mal tiempo de Edimburgo fue un mal menor.
El camino hacia Oban es muy bello. Enseguida se llega al lago Lomond , el más grande de Escocia. La estrecha carretera lo va bordeando y nos muestra espléndidas vistas. A través de bonitos paisajes llegamos al pueblo .
Es un lugar encantador junto al mar. De su puerto parten varias excursiones a distintas islas, como la de Iona, la de Mull o el islote Staffa. Curiosa réplica del Coliseo Romano en lo alto del pueblo, construida por un banquero en el XIX, McCaig, pero sin mayor interés (no subimos a verlo).
Almorzamos mientras paseábamos y tras estar un rato apaciblemente nos marchamos a Glencoe.