Subscripción a lista de correo |
|
|
Ruta seguida en este Interrail por Alemania, Dinamarca y Suiza
Colonia - Coblenza - Copenhague - Elsinor - Hillerod - Roskilde - Berlín - Potsdam - Crucero Rin - Friburgo - Estrasburgo - Selva Negra - Cataratas del Rin - Schaffhausen - Stein am Rhein - Constanza - Zurich - Basilea - Interlaken - Lucerna - Zermatt - Brig - Berna - Ginebra - Heidelberg - Munich - Dachau - Fussen - Nuremberg - Rotemburgo (ODT) - Wurzburgo - Jungfrau y Lauterbrunnen - Brienz - Ginebra |
|
| |
|
Prescindible |
 Merece la pena |
  Muy recomendable |
   Maravilla |
|
| |
|
|
Llegamos desde Zermatt en tren. Brig es la puerta de acceso a Italia y por ahí pasan muchísimos trenes y coches en ambos sentidos.
También es punto de partida para numerosas excursiones, como el glaciar Aletsch o Zermatt.
Si hablo de esta ciudad sin mayor interés es porque pasamos unos de los ratos más divertidos y originales del viaje. |
A unos minutos en autobús se encuentran los baños de Brigerbad   , bastante asequibles de precio. Se trata de las mayores piscinas termales de Suiza y son algo único en Europa. El agua sale de la montaña a 27-37 ºC. Por ejemplo, disfrutamos de la primera piscina termal de Europa ubicada en una gruta, con agua a unos 40 ºC. También gozamos en el estanque-río, con agua a 30-33ºC lanzada a toda velocidad y en la que nos dejábamos arrastrar. Es un placer poder bañarte al aire libre en aguas calientes rodeados de un paisaje hermosísimo en mitad de los Alpes, con el frío que hacía en el exterior añadido. Nos lo pasamos como críos. |
|
| Tanto nos relajamos que perdimos el último autobús al pueblo. Una mujer muy maja que trabajaba en los baños nos llevó en coche hasta Brig en el último momento. Ya en el tren no se acabó la aventura. Nos dormimos tan profundamente después del ejercicio en el agua que a punto estuvimos de acabar realmente lejos de Interlaken. Hubo un momento en que me desperté y miré tranquilamente por la ventana. Comprobé que el tren estaba parado. Estaba tan atontado que me costó reaccionar casi medio minuto. De estar tranquilamente relajado y sentado mirando por la ventana pasé a plantearme dónde nos encontrábamos. Los pitos de salida del tren sonaron y en ese mismo instante me daba cuenta de que era nuestra estación, Spiez. Pegué un bote, desperté a mi pareja y corrimos a la salida, saltando fuera en el momento en que se cerraban las puertas. La gente del tren nos miraba sorprendidos. Teníais que ver la cara de los dos que teníamos enfrente. Habíamos estado todo el viaje dormidos y dando cabezadas y de repente nos marchamos corriendo y gritando. Menos mal, porque era de noche y ese tren nos llevaban a otro sitio, de manera que nos habría obligado a buscar alojamiento en un lugar lejano, desconocido y con la ropa puesta. Aunque esta anécdota no es nada comparada con la de Rodas, en Grecia. |
|