Ruta seguida en este Interrail por Alemania, Dinamarca y Suiza
Colonia - Coblenza - Copenhague - Elsinor - Hillerod - Roskilde - Berlín - Potsdam - Crucero Rin - Friburgo - Estrasburgo - Selva Negra - Cataratas del Rin - Schaffhausen - Stein am Rhein - Constanza - Zurich - Basilea - Interlaken - Lucerna - Zermatt - Brig - Berna - Ginebra - Heidelberg - Munich - Dachau - Fussen - Nuremberg - Rotemburgo (ODT) - Wurzburgo - Jungfrau y Lauterbrunnen - Brienz - Ginebra |
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 Merece la pena |
  Muy recomendable |
   Maravilla |
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¿Estáis preparados? Ahora viene un día excepcional, una excursión perfecta que despertará vuestra envidia. Como ya expliqué volvíamos a Suiza a probar suerte con el tiempo y la excursión al Jungfrau. Nos jugábamos todo al último día y para ello vinimos desde Wurzburgo en tren, en un largo y agotador viaje de 8 h. y varios cambios de tren. Dormimos en Interlaken, en el Happy Inn de Interlaken, como la anterior estancia. Ya teníamos toda la información necesaria desde entonces.
Me levanté a las 5.45 de la mañana haciendo un esfuerzo sobrehumano para estas alturas del interrail. Miré por la ventana y ¡veía el cielo estrellado! Parecía que por fin nos sonreía la suerte. Nos dirigimos a la estación de tren para coger el que salía a las 6.30. ¿Por qué tan temprano? Porque el precio es muchísimo más barato si se toma el primer tren (y a pesar de ello es muy caro, lo más caro de todo el interrail). Por supuesto antes de gastarse ese dinero hay que asegurarse de que hace buen tiempo porque si no es tirarlo. Para ello en la estación hay una cámara en directo desde el Jungfrau, aunque a esas horas es de noche. El cielo con estrellas era la mejor señal. Ilusionados con poder disfrutar de la Suiza que siempre te imaginas, empezó el viaje.
En primer lugar haré una descripción breve de los valles y opciones que hay porque no sólo está el Jungfrau. Desde Interlaken hay dos valles principales que permiten hacer maravillosas excursiones: Lauterbrunnen y Grindelwald. Al Jungfrau se puede subir desde ambos valles, pero yendo desde Interlaken, Lauterbrunnen es el camino más corto. Existe la posibilidad de subir por uno y bajar por el otro. En Lauterbrunnen se cambia de tren para empezar a subir en un tren cremallera.
De éste pueblo parte otra de las excursiones más solicitadas, al Schilthorn. Es un monte de 2971 m. de altitud y que en la cima tiene un famoso restaurante giratorio con impresionantes vistas del lugar al que nos dirigíamos y del valle. Es un monte algo más bajo del que habíamos elegido nosotros y está algo aislado. Ya que sólo podíamos disfrutar de un día por aquí habíamos elegido la excursión más típica pero a la vez la más extraordinaria.
Desde los dos valles hay muchísimos trenes, teleféricos y sendas que harán las delicias de los amantes de los paisajes y la naturaleza. El único problema lo constituyen los altísimos precios de cualquier transporte que se coja.
Y ahora continuamos con nuestro viaje. El tren cremallera    va ascendiendo lentamente. Aún está todo muy oscuro pero por otro lado vamos observando el amanecer en los Alpes. Desde las ventanillas se pueden contemplar esas casas suizas de madera situadas en la ladera de un pasto verde que parece una alfombra, unas aisladas, otras formando pequeños pueblos, y con los enormes Alpes de fondo. La única forma que los habitantes tendrían de bajar a Lauterbrunnen es este tren o andando un largo trecho. Finalmente llegamos a Kleine Scheidegg    , último cambio de tren. Aquí convergen los trenes que vienen de Lauterbrunnen y Grindelwald. |
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Estamos a 2061 m. y la vista de las tres moles alpinas es impactante. De izquierda a derecha están el Eiger (3970 m.) el Monch (4099 m.) y el Jungfrau (4158 m.), con sus cumbres nevadas por encima de la alfombra verde. Es de día y la visibilidad es total. |
Extasiados nos acomodamos en el tren    que en poco tiempo entra en las entrañas del Eiger. Pues sí, los 1200 m. de ascensión que faltan se hacen por dentro de las montañas. Durante la subida se hacen dos paradas para evitar problemas debidos a cambios bruscos de altitud. ¡Y qué dos paradas!. La primera a 2865 m. Nos bajamos todos del tren y nos dirigimos a unos enormes ventanales desde los que se contempla una vista    impagable. |
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Allá abajo, casi verticalmente, se ve el hermoso valle de Grindelwald sembrado de pequeñas casitas. Volvemos al tren y nueva parada a 3160 m. Esta vez las vistas    muestran un enorme y sobrecogedor glaciar, el de Eismeer, que hace sentirte insignificante. |
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Finalmente alcanzamos la estación de tren más alta de Europa, el Jungfraujoch, a 3454 m. de altitud. El viaje desde Interlaken ha durado casi dos horas y media.
Al salir del tren se entra en un complejo construído en el interior de la montaña y que tiene todas las comodidades. Hay varias cosas que se pueden hacer.
Empezamos por el Palacio de Hielo    . Como su nombre indica es una gruta hecha toda de hielo. Es alucinante e incluso hay varias esculturas hechas en hielo. Eso sí, hace un poco fresco. Se construyó con motivo del aniversario de la Declaración de Derechos Humanos. |
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Después subimos en un ascensor hasta el Sphinx    , el observatorio y punto de medición situado a 3574 m. De hecho en el complejo del Jungfrau hay una estación de investigación que trabaja con los datos recogidos de radiación, meteorología, geología, astronomía, etc. Estar a tales alturas impresiona mucho, salvo que seáis alpinistas. Las vistas desde la terraza son inigualables. Por un lado el valle y la llanura donde se encuentra Interlaken, también visible. |
| Por el otro un inmenso glaciar de más de 20 Km. de longitud, llamado glaciar de Aletsch. Si recordáis, lo nombré en el día que pasamos en Zermatt y Brig. Si miramos hacia abajo se ve a muchas personas caminando por el glaciar, por un camino ya acondicionado. Una curiosidad: el Sphinx está dispuesto de manera que estamos protegidos totalmente contra los rayos. Una de las cosas que más sorprende es saber que aunque el día esté despejado pueden aparecer rayos debido a la altura. |
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Por último está el paseo por el glaciar    , muy divertido. Lo primero que os advertiré es que a tanta altura te cansas enseguida por la falta de oxígeno. Hay que andar más despacio que lo normal. |
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Lo comprobé en mis carnes haciendo el tonto mientras bajaba una escalera. 5 segundos de ejercicio explosivo y me costó recuperarme dos minutos (y eso que soy deportista). Hay que ir preparados para el frío con la ropa que tengáis disponible para estar a 0ºC. También llevad gafas de sol. Y si tenéis calzado adecuado también. Nosotros llevábamos unas deportivas solamente porque no tiene sentido llevar botas de monte en un interrail. En nuestro caso hizo un día tan soleado que acabamos teniendo calor. |
Durante el paseo hay preciosas vistas    del valle y del glaciar, así como de las cumbres del Monch y del Jungfrau. Si forzáis la vista veréis grupos de escaladores subiendo a la cima del Jungfrau. Nosotros fuimos andando por el glaciar pasándolo muy bien, como niños. La nieve en verano era una experiencia nueva. Seguimos andando hasta que nos aburrimos y nos volvimos. Hay tres actividades que se pueden hacer en el glaciar: esquí, montar en trineo con perros, o tirarte por la nieve en unos discos. |
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| La primera ni la planteo por el precio y porque l aestación es muy pequeña. Sí que estuvimos un buen rato observando a los perros de trineo, los huskies, y además asistimos a un espectáculo que para nosotros era asombroso. |
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Uno de ellos empezó a emitir una especie de aullidos, pero muy extraños, tanto que hacía reír a los niños. Seguidamente el resto de la manada empezó a aullar, todos a la vez durante un largo rato. Es algo estremecedor. Y en cuanto a los discos fue divertido. Te dejan un disco de plástico (gratis) y te puedes tirar sobre él por una cuesta. Se llama snow-disk. Pero casi más divertido que descender fue observar luego a los japoneses tirándose en filas de más de diez personas y dándose unos golpes tremendos. |
Al llegar a la puerta de entrada al complejo también es divertidísimo porque es muy muy resbaladizo y cuesta abajo, así que hubo golpes y muchas risas. Es digno de ver a todo el mundo dando pequeños pasitos y agarrándose a lo que pille cerca, bien cuerdas o bien personas.
Una vez dentro es posible tomar algo en el restaurante, aunque es muy caro. Tiene magníficas vistas también pero nosotros llevábamos nuestra comida. Por supuesto hay miles de recuerdos para comprar en la tienda para turistas.
Después tocaba el viaje de vuelta hasta Lauterbrunnen. |
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La aparición del valle de Lauterbrunnen    ante nuestros ojos fue impactante, uno de los paisajes más hermosos que he visto nunca, es algo imposible de imaginar si no estás ahí. Una lástima que el tren no se detuviera. |
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En Lauterbrunnen   nos paramos a comer. El pueblo tiene casas encantadoras de madera y muchas flores, aunque lo que destaca es el entorno    . Está junto a unas altísimas paredes verticales desde las que cae una cascada espectacular e interminable sobre el valle. Sufrimos un ataque de abejas hambrientas que venían a nuestra comida. Acabamos corriendo perseguidos y escondiendo todo alimento en el fondo de la mochila. |
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Desde el pueblo se coge un autobús que en 5 min. nos llevó a otro lugar mágico, los saltos del Trummelbach    . Entramos en un ascensor que nos eleva por el interior de la montaña. Desde ahí fuimos descendiendo por cavidades, pasadizos y escaleras admirando el impresionante espectáculo que forman las diversas cascadas que se van sucediendo. |
| Estos saltos provienen del agua de deshielo del Eiger, Monch y Jungfrau. Los 20.000 litros de agua por segundo hacen que el estruendo sea ensordecedor y haya cascadas de todas las formas. Hay que llevar chubasquero porque hay mucha humedad y las gotas te salpican. Las mayores cascadas están al final del descenso. Todo este soberbio espectáculo contrasta con el pequeño arroyo corriente abajo, parece que es imposible que todo ese agua y fuerza de las cascadas acabe así. |
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| Tras un día de intensa emoción nos dirigimos a relajarnos a Brienz. |