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Ruta seguida en este Interrail por Alemania, Dinamarca y Suiza
Colonia - Coblenza - Copenhague - Elsinor - Hillerod - Roskilde - Berlín - Potsdam - Crucero Rin - Friburgo - Estrasburgo - Selva Negra - Cataratas del Rin - Schaffhausen - Stein am Rhein - Constanza - Zurich - Basilea - Interlaken - Lucerna - Zermatt - Brig - Berna - Ginebra - Heidelberg - Munich - Dachau - Fussen - Nuremberg - Rotemburgo (ODT) - Wurzburgo - Jungfrau y Lauterbrunnen - Brienz - Ginebra |
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ZURICH   |
Prescindible |
 Merece la pena |
  Muy recomendable |
   Maravilla |
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Está situada a dos horas en tren de Friburgo y a una desde Basilea. La excursión ya suponía la entrada en la verdadera Suiza.
El único problema que tuvimos desde que entramos en Suiza hasta que volvimos a Alemania fue el mal tiempo. Y es una gran pena, porque os imaginaréis que en un país donde la naturaleza tiene tanta importancia y donde esperáis ver paisajes de ensueño, el tiempo y las nubes lo pueden estropear todo. El verde y azul se convierten en gris tristón. De hecho, en esta primera fase por Suiza no vimos ni una montaña ni el sol a pesar de ser verano. Literalmente. Las nubes estaban tan bajas que llegaban por debajo de los montes. Resignados conforme avanzaban los días, fuimos visitando las ciudades, en las que no es tan importante que el día sea gris para disfrutar de la visita, y reservando así la naturaleza para más adelante.
Lo bueno de un interrail es que puedes cambiar sobre la marcha el plan, y así lo hicimos. Decidimos volver hacia Alemania tras 4 días nublados y lluviosos para regresar al final del viaje y probar más suerte. Afortunadamente la hubo y pasamos uno de los mejores días en el Jungfrau y Lauterbrunnen. Pero eso lo contaré más adelante.
Las ciudades suizas (Basilea, Zurich, Lucerna, Berna, Ginebra) que visitaríamos tienen una distribución muy parecida: casco antiguo dividido por un río en dos, con bonitas vistas, rodeada de paisajes fabulosos y montañas, junto a un lago. Suiza tiene menos de 8 millones de habitantes y no hay grandes ciudades. La mayor es Zurich y no pasa de 400.000 habitantes.
Zurich es el mayor centro urbano de Suiza y su corazón financiero lleno de bancos, compañías de seguros, empresas y oficinas. Todo ello favorece la enorme oferta de cultura y ocio que la creciente población de la ciudad y de los alrededores tiene a su disposición. Está llena de bares, cines, restaurantes o salas de conciertos, de manera que hay posibilidades para todos los gustos.
Los millonarios del mundo entero depositan aquí su dinero animados por la estricta confidencialidad bancaria. Aunque Suiza es el país de los bancos y de la confidencialidad y aunque haya mucho dinero y alta calidad de vida, es cierto que hay un nivel de pobreza no despreciable y un paro creciente.
Los habitantes de la ciudad tienen fama de muy tolerantes y hospitalarios. De hecho la ciudad siempre ha sido refugio de marginados y excluidos. También hay un gran sentimiento ecologista y se ve reflejado en el gran incremento de gente que se desplaza en bicicleta.
Durante el siglo XIII comerciantes y artesanos impulsaron el crecimiento de la ciudad. Ya desde entonces y hasta la fecha, los zuricheses se ganaron la fama de emprendedores y eficaces. En el XIV los artesanos tomaron el poder expulsando a los nobles. En 1351 se unió a la Confederación Helvética. Desde 1525 la Reforma entra en la ciudad especialmente por medio del sacerdote Zwinglio, que combatió las indulgencias, el celibato de los sacerdotes y la estrecha relación de la nobleza con la Iglesia.
Desde entonces acogió a los protestantes que escapaban de las persecuciones religiosas, sobre todo franceses. Gracias a ello se impulsa el comercio de la seda durante el XVI, se experimenta un desarrollo increíble de la industria textil que alcanza su máximo apogeo y riqueza en el XVIII, en el que se reúnen personas eminentes, como filósofos, arquitectos y banqueros. Entre ellos Goethe residiría aquí. Durante el XIX fue refugio de adversarios de las monarquías absolutas europeas. Se construyeron la universidad y el politécnico. A principios del XX ilustres como Lenin, Trotsky, James Joyce, Einstein o Thomas Mann residen en la ciudad, que además es el centro del desarrollo del psicoanálisis. Incluso en 1896 se publicó la primera revista gay de la historia. Por tanto nos damos cuenta de que es una ciudad multicultural y cosmopolita que integra a todas las personas de cualquier condición.
Aunque ya os bastará con la historia de la ciudad hay que conocer un episodio clave en la historia suiza y europea, la Reforma Protestante. Para comprender mejor todo lo que vimos a lo largo del país es imprescindible tener unos conocimientos básicos de lo que ocurrió puesto que encontraremos su rastro por todas partes.
La Reforma es el movimiento religioso que sacudió Europa durante el siglo XVI por el que una gran parte del continente se negó a obedecer al Papa, dando nacimiento a las iglesias protestantes.
En 1517 el monje agustino Martín Lutero publicó en Alemania, en la universidad de Wittenberg, sus 95 tesis contra las indulgencias católicas. En 1520 expuso su doctrina y fue excomulgado por el Papa. El luteranismo, favorecido por los príncipes alemanes, se difundió por toda Europa y dio origen a otros movimientos reformadores como los de Calvino o Zwinglio.
La Reforma se instaló profundamente en el centro y norte de Alemania. Se extendió más allá de las fronteras hasta los países escandinavos e Inglaterra (donde el movimiento se transformaría en la aparición de la iglesia Anglicana en 1534). Zwinglio hizo que la Reforma se adueñase de Zurich en 1525 y Berna en 1528. Farel y Calvino impulsaron la Reforma por Ginebra y Basilea. Ginebra se convirtió en centro de la Reforma gracias al calvinismo. Hizo resurgir el protestanismo diezmado en los Países Bajos por las represalias de Carlos V de España.
Para arreglar la situación la Contrarreforma nació en España e Italia, los países menos afectados, por iniciativa del emperador Carlos V y el Papa. Se creó el Concilio de Trento para revisar la situación del catolicismo, saliendo con un espíritu renovador que entre otras cosas llevó a fundar la orden religiosa de los Jesuítas. Aunque el nuevo movimiento católico conseguiría reconquistar algunas zonas, la mayor parte de los territorios protestantes continuaron siéndolo.
Una consecuencia de esta agitación religiosa fue la guerra de los Treinta Años (1618-1648), que fue una guerra religiosa pero igualmente política que afectó a toda Europa y que no cambió demasiado las cosas.
La Confederación suiza se mantuvo neutral durante la guerra y se llegó a un acuerdo entre los cantones protestantes y católicos. En Suiza actualmente hay una mezcla de católicos y protestantes como consecuencia de todo ello y también desde entonces ha mantenido su carácter neutral e independiente tan característico.
No pudimos disfrutar demasiado de la visita, ya que llovió abundantemente.
El casco antiguo está dividido por el río Limmat en dos y hay bonitas vistas desde ambos lados. Por supuesto está situada junto a un lago (lago Zurich). |
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En la orilla izquierda se agrupa sobre todo el Zurich medieval. Nos gustó la iglesia de San Pedro  del siglo VII. La torre del XIII tiene el reloj solar mayor de Europa.
Muy cerca uno de otro encontramos dos lugares de interés: el Lindenhof  , pequeño parque lleno de bancos y ajedreces gigantes que los romanos utilizaban como aduana y que domina el casco antiguo; y el Schipfe   , más abajo, que es un barrio medieval de callejuelas que bordea el río y que posee casas medievales de gran encanto. |
En este lado también os llamará la atención la iglesia Frauemunster  , con cimientos del XI y elementos románicos, góticos y barrocos.
En cuanto a la orilla derecha se puede decir que pertenece a la Zurich romántica. Visitad la zona que rodea a la calle Limmatquai  , con casas que nos recuerdan la antigua riqueza de las corporaciones. Ahora son en su mayoría tiendas y restaurantes. |
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Un poco por encima de esta calle hay una zona muy animada (el Niederdorf) para pasear, ver escaparates o tomar una copa por sus terrazas.
A este lado se encuentra la catedral  , de los siglos XI y XII. Durante la edad media fue una importante iglesia católica pero Zwinglio la transformó en un centro de la Reforma. Interesante estatua de Carlomagno y posibilidad de subir a una de las dos inconfundibles torres desde la que debe haber preciosas vistas de la ciudad y los Alpes, pero evidentemente no lo pudimos ver por las nubes. |
Una vez acabamos de recorrer todo ello, nos dirigimos hacia el lago Zurich  . Agradable paseo y muy animado a los dos lados del puente Quaibrucke, desde el que además hay una bonita panorámica   de la ciudad. Es el lugar favorito para los ciudadanos durante el domingo. Lamentablemente no hay lugares para resguardarse así que no pasamos demasiado tiempo por ahí. |
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Hay varios museos que no nos llamaron demasiado la atención y no visitamos. También hay dispersos varios mercados además de muchas tiendas  . Destaca la Bahnhofstrasse o el Niederdorf, llenos de tiendas elegantes de todo tipo.
Algunas curiosidades de la ciudad son la enorme cantidad de fuentes con agua potable que hay (más de mil) o la celebración de multitud de fiestas de todo tipo a lo largo del año. La ciudad es conocida por ser un centro de fiestas house y tecno. Hay que destacar la Street Parade, que intenta rivalizar con la Love Parade de Berlín. Se trata de una fiesta tecno con desfile y disfraces extravagantes celebrada en agosto, con música a todo volumen y baile sin parar. |
| Quizás os parezca que he puntuado bajo a la ciudad. Es sólo una opinión de un turista. Supongo que esta ciudad es ideal para dar una vuelta, salir de marcha o tomar una copa gracias a la increíble y variada oferta. El problema es que a un turista no le da tiempo a apreciar todo eso en poco tiempo. La zona histórica se puede visitar en un día. |
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